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Categorized under: Grandes escritores

Julio Cortázar

Julio Cortázar nació en Bruselas el 26 de Agosto de 1914, de padres argentinos.

Llegó a la Argentina a los cuatro años. Paso la infancia en Bánfield, se graduó como maestro de escuela e inició estudios en la Universidad de Buenos Aires, los que debió abandonar por razones económicas.

Trabajó en varios pueblos del interior del país. Enseño en la Universidad de Cuyo y renunció a su cargo por desavenencias con el peronismo. En 1951 se alejó de nuestro país y desde entonces trabajó como traductor independiente de la Unesco, en París, viajando constantemente dentro y fuera de Europa.

En 1938 publicó, con el seudónimo Julio Denis, el librito de sonetos (“muy mallarmeanos”, dijo después el mismo) Presencia.

En 1949 aparece su obra dramática Los reyes.

Apenas dos años después, en 1951, publica Bestiario: ya surge el Cortázar deslumbrante por su fantasía y su revelación de mundos nuevos que irán enriqueciéndose en su obra futura: los inolvidables tomos de relatos, los libros que desbordan toda categoría genérica (poemas-cuentos-ensayos a la vez), las grandes novelas: Los premios (1960), Rayuela (1963), 62/Modelo para armar (1968), Libro de Manuel (1973).

El refinamiento literario de Julio Cortázar, sus lecturas casi inabarcables, su incesante fervor por la causa social, hacen de él una figura de deslumbrante riqueza, constituída por pasiones a veces encontradas, pero siempre asumidas con él mismo, genuino ardor.

Julio Cortazar murió en 1984 pero su paso por el mundo seguirá suscitando el fervor de quienes conocieron su vida y su obra.

Obra del autor.

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Categorized under: Haiku

Pupilas. Por Natalia Olay.

Viejas tus pupilas
guardan tesoros
de coloridos paisajes
destruidos por la guerra.

Otros escritos del autor.

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Categorized under: Narración

In Memoriam. Cristián F. Andrioli.

El golpe seco.
El grito.
El olor de mis huesos al aire.
La absurda caricia del dolor.
El gesto arqueando el infinito.
Me recuesto contra la pared, lienzo para un dibujo indefinido.
Mi rostro… rojo pincel desteñido.
Suelo.
Escaleras.
Lloro mientras las bajo cual carrusel vertical.
Vértebras, costillas, articulaciones varias hacen sentir su presencia mordiendo mis ligamentos.
Caigo.
Otro golpe.
Y otro…
Y otro…
Y otro…
Una compleja hilación de nudillos y pies se abaten sobre mi.
La noción de espacio tiempo es un absurdo en este momento.
No quiero ni puedo levantarme.
Me quedo ahí. Recibiendo lo único que tiene para dar, la violencia sobrepasando los límites.
Un golpe…
El último…
…y todo por atreverme a decirle NO!.

En memoria de las mujeres que han sido y son golpeadas.

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Categorized under: Haiku

Las Utopías. Por Liliana Zwetschek.

Las utopías
en un mundo de amor
dejan de serlo.

Otro sitio del autor.

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Categorized under: Cuento

Ellos. Por Claudio V. González.

Me persiguen. Quieren matarme. No sé la razón, sé que quieren matarme. Cada paso que doy es seguido por los suyos, sigilosos, sutiles al extremo, analizando cada movimiento para buscar la oportunidad de capturarme y llevarme a algún lugar en el que cometer su crimen, un crimen sin motivo en el que sólo puedo ser la víctima.

Podrían actuar a plena luz del día, pero no quieren ser vistos. Justamente por eso no sé quiénes son, se ocultan a mi mirada, se ocultan a la mirada de todos, y lo hacen con gran habilidad.

Nadie los vio, nadie los escuchó, nadie puede decir cómo son. Nadie los conoce, nadie sabe que me siguen, excepto yo, que sé que están ahí.

Se lo comenté a un amigo y me dio una tarjeta, licenciado Ángel Dios, psicólogo. Me recomendó que lo visitara en su consultorio, que lo había ayudado. Me negué cortesmente e insistió, poco. “Pensalo”, terminó, y siguió su camino.

Seguí así varios días, y cada regreso a mi casa implicaba el paso forzoso por la ferretería para comprar un nuevo pestillo para la puerta, por temor a que ellos hubieran entrado en mi ausencia.

La puerta de casa ya tenía 18 pestillos y como no había lugar para más comencé a colocarlos en las ventanas. Dos semanas después no había lugar para más pestillos en las ventanas y el tiempo que demoraba en salir de casa comenzó a incomodarme.

Seguía sin verlos, sin saber de ellos nada más que su intención, quitarme la vida.

Cada vez que regresaba a casa me asustaba notar que la puerta se abría solamente con la llave y tardaba unos segundos en comprender que no podía dejar los pestillos cerrados cuando salía. Eso me tranquilizaba, pero poco.

No podía seguir así.

Comencé a dudar de mí y fui a ver al licenciado Dios.
Me recibió con amabilidad, pero sin sonrisa.
Hizo seña para que me recueste en el diván y cuando me eché cerró la puerta con llave.

- Me decía su amigo que lo persiguen.

- Sí

- ¿Quiénes?

- No lo sé. Ellos, no sé quiénes son.

- ¿No lo sabe?

- No, nunca los vi.

- Mejor así.

- ¿Cómo?

- Soy uno de ellos.

Otro sitio del autor.

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Categorized under: Narración

Minotauro. Por Gabriela Perez Franze.

Poseo la llave de la cerradura de la puerta cubierta de moho verde, la llave con la cual ingresaré al laberinto, por amor. Detrás de la puerta camino a oscuras, toco la pared que va girando, que se bifurca, que se enrosca y ensordece.

Mis pasos son cortos, no quiero pisar en falso y caer en un abismo que me aleje definitivamente. Sé lo que busco. Al Minotauro. Fuí entregada a él. Esquivo las plantas que crecen en los muros y voy a tientas rozando con mis manos las paredes farsantes que no indican nada. El suelo es parejo, sin distinciones, ignorante. No hay señales que me indiquen con certeza que estás. Que eres. Que soy. No dejo huellas que me unan al pasado, no miro el antes. No volveré atrás. No sabré como. El techo se acerca, las paredes se ajustan. No hay luz que me guíe, ni voces que indiquen a lo lejos…Estoy sola en el laberinto. Yo y el Minotauro. Lo oigo respirar. La pared final el último tramo. Ya no hay escapatoria. No deseo escapar del laberinto, no quiero salir triunfante, pero sola. Afuera nada hay ya para mi. Me devorarás, estoy perdida. Giro en la última curva y los ojos que tanto anhelo, que tanto deseo, que tanto temo, se enfrentan a los míos…estoy perdida.

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Categorized under: Prosa

La Masturbación de Dalí. Liliana Zwetschek.

Me reverencio ante mi, me venero.
Úngeme con tus versos andaluces, con tu gracia, mientras sangra la guitarra y te matan los disparos que me matan.

Enrédame los pezones con tu lengua serpentina, devóralos, que se enfiesten como toros adornados en corridas.
Al unísono tú, Mujer, mi Musa , mi Madre, mi incógnita, entra al ritual que me posee, derrocha los mitos de tus manos mariposas y hazme brasa en la antorcha que enciendes.
Conduzco la barca mar adentro. Lejos de la playa vuestras bocas, idénticas anguilas carceleras, provocan el gran diluvio de mi pureza de Rey.
Los tres bebiendo de mis aguas, nos salvaremos.

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Categorized under: Haiku

Las utopías. Por Liliana Zwetschek.

Las utopías
en un mundo de amor
dejan de serlo.

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Categorized under: Narración

Las moscas. Por Emiliano Nicastro.

Mosquear: tr. Espantar las moscas. 2. Fig. Responder con viveza y como resentido o picado. 3. Fig. Azotar, vapulear. 4. fig. Apartar de sí con violencia los estorbos. 5 . fig. Resentirse uno por el dicho del otro

Dicen que… No hace mucho, tiempo de otra gente quizás, Alfonso [hombre ingenuo y corajudo], decidió hacer real aquella leyenda, sin respetar la ley que marcan estas historias, la ley de la duda.

Su misión era juntar todas las moscas del mundo pero le restaba algo importante: encontrar la forma de hacerlo. No le interesaba sólo la posesión de las mismas, el hecho de clasificarlas por nombre a cada una era lo que él pretendía, todo por la maldita leyenda.

Comenzó por contratar varias empresas, que probablemente tuvieran cierta relación con las moscas; como la T.A.M.B.O [Trabajo Moderno sobre Basurales Obstruídos], sociedad que se dedicaba a la limpieza de cualquier inmueble ofuscado por la mugre. Pero las máquinas que usaban estos operarios eran muy potentes, por lo tanto impedían la entrega de los bichos en buen estado; llegaban siempre en pedacitos, las pobres.

Tenemos que entender: Alfonso las quería vivas y sobre todo enteras para poder cumplir su objetivo. Arrendó también una perrera. Y así, el muy desdichado ya no sabía dónde caer muerto.

Los perreros trataban de atraparlas pero sus redes eran muy grandes y sus agujeros eran el mejor escape para las moscas, que de mosquitos no tienen nada.

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Categorized under: Prosa

Fragmentos del libro “El Ducto” de Guillermo Bacchini. (Texto de discusión polilógica)

Fragmento uno.

Manejo la probabilidad, nací de ella. Soy ambiguo, me desfiguro y procuro no ser pero soy y así perduro. No todo puede con la misma facilidad ir en contra de la fricción y condensar espacios provocándolos o dispersarse. La desgracia sobrevendrá al desequilibrio. Se ha hecho la hora y al dar la hora me paré, empecé a dirigirme, no ya esperando nunca por algo lo fui a buscar. Sí, es cierto que lo que digo es de ningún modo así, pero hay que así decirlo según indican aquellos quienes Gerjo mastica, se fija en ello. Arregla a cada uno las cosas. En tal caso, en cada caso, empecemos de nuevo. Parto de que me equivoco, llego así a mí. Que se pueda así energir. Todas las grietas permiten el paso. Toco lugares para alejarlos. Inserto lo que resbala y lo que no, lo que se centra, lo que no. Por otra parte sé que tengo que salir del lugar en el que estoy hablando. La cosa es así, bueno, ya terminaría.

Fragmento dos.

Intentábamos descifrarnos. Pero para no causarme tanta gracia y explicándomelo mejor no era un desciframiento lo que intentábamos; intentábamos des-signarnos. Buscábamos cada uno su propio designo. Un accionar de mecanismos accionados nos implicaba imbrincándonos entre tejidos de interformaciones letargadas ya todavía lejanas al movimiento que supone acción sistematizada donde nos reconocíamos funcionando. Reconocer también acaso los hilos que tiran si atravieso más que miembros, más que huesos, desde dondeidades y quienidades irrefrenables, como las ebulliciones bulliciosas de burbujas en los caldos de la sema.

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